* Alejandro Pereyra Doria Medina
Enfrentado y retrasado en mi primera película, habiendo contado la sinopsis unas ciento cincuenta veces, empieza una neurosis leve de tanto necesitar de los demás, empieza el miedo al fracaso y la impotencia de tener que esperar, en suma, la aceptación de todo.
Estos fragmentos de un diario reflejan y comentan el proceso de realización de la película Verse, desde los días previos a su rodaje en 2005 hasta su reciente estreno. Son una indagación o crónica, personal, del "oficio" cinematográfico independiente boliviano.
Hacerse Verse mirar, marzo de 2005
Lluvia preciosa que contemplo, con amargura de presentirte final, otoño seco eres lo más posible para la tercera semana de abril en que empezaré a rodar. Habrá que prestarse lluvia del carro de los bomberos.
Preparar algo para luego hacerlo es como estudiar un cuerpo muerto, tiene algo de engaño que especula, tiende a disecar la vida o a confundirla, cuando, después de mirar el dibujo en la tapa, se lanza de la caja las 5000 piezas del rompecabezas, y todo se mezcla.
Lo importante es mantenerse ligero, para poder recuperar, en cada golpe de cámara, la sensación de algo vivo visto por primera vez. Liberaría el instinto, tan pobre en nuestro cine, el que una producción se ponga al servicio del director y no lo contrario, que es lo que ocurre. Mas es posible que con la suma de artificios se consiga una imagen de verdad. A diferencia de mis amigos de varios años de quienes esperaba alguna colaboración técnica (no puedes culparlos, han pasado mucho tiempo sin deseo), los actores, la gente que de tan buena voluntad ha asistido a los llamados que hice, incluso ha confiado en mí sin saber si era o no una mentira –cuando me acerqué a ellos en la calle, en la noche, para invitarlos a una prueba de cámara, han demostrado unas ganas casi ingenuas, ellos finalmente, no los “amantes de la cultura” sino gente sencilla, han sabido acoger mi idea con sano afán.
Al pensar en la producción, cuando es el mismo guionista el que se encarga de conseguir el financiamiento, resulta muy fácil caer en una desesperante rutina de tornillos que no encajan, de gente perezosa, de horarios múltiples, de cartas inútiles que hacen que para la idea dulce de la película uno esté muy fatigado al terminarse el día. El peligro de esta caída consiste en reducir el guión, o mejor dicho lo que quiere decirse, para simplificar las cosas a una lista de planos incambiables, que aseguren el tiempo en que han de ser filmados. El único éxito estará en la película: que su estilo cinematográfico, a pesar de todas las limitaciones técnicas, sea expresivo, audaz y coherente: ese es un trabajo que puede considerarse provisionalmente exitoso. Me aferró a creer que la verdad es más sencilla. Nada más, en mi caso, que un hombre, una ciudad y una cámara (que aun no tengo).
Se necesita una profunda distancia de lo eventual; me ayuda mucho imaginar que la película la terminé hace dos años. Quiera Dios no tenga que fingirte: mundo de lluvia.
Defenderse Verse mirar: julio de 2006
Cuando Werner Herzog insistió en subir un barco por la pendiente de una montaña (en Fitzcarraldo), nadie, ni siquiera Klaus Klinski, creyó en él. Al final el barco que asciende en la película fue jalado por poderosas máquinas ya cuando todos los actores se habían ido, dos años y medio después del primer día de rodaje. Más cercano y menos documentado, don Jorge Ruiz cuenta cómo conoció a Charlie Smith. Lo llevó a vivir a su casa, lo escuchó atentamente para los fines de semana salir a grabar esa vida en los paisajes bolivianos, si había dinero para comprar un rollo de película. Esta se perdió 30 años. Cuando la encontraron Charlie Smith ya había muerto. Pasaron 20 años más hasta que un profesor de cine en Estados Unidos redescubrió la película (Mina Alaska) y la exhibió al mundo (Hollywood).
Enfrentado y retrasado en mi primera película, rodeado de actores en quienes confío serenamente, acosado por gente que me pregunta: "¿y por qué no busca a alguien más famoso?", habiendo contado la sinopsis unas ciento cincuenta veces, unas ciento cincuenta veces explicado el porqué, el cómo, qué, cuándo, para qué, dónde… empieza una neurosis leve de tanto necesitar de los demás, de necesitar la aceptación de mi obra, la colaboración con mi obra, el miedo al fracaso y la impotencia de no llevar el ritmo porque debo esperar, en suma, la aceptación de todo.
Entonces surge una pequeña campaña en contra de mi película, que me hace susceptible y me vuelve torpe. Debo ver bien los rostros para hacer a un lado a los buenos y al otro mis enemigos: completamente anónimos, amigables en el saludo, rumores de alguien que en un café me llamó "presuntuoso". ¿Debo desdoblarme a ver cómo la gente me mirar, ¿soy su actor?
Malditos envidiosos, lo que pasa es que en esta ciudad nunca pasa nada. Si se les cuenta algo, en vez de ilusionarse se ofenden.
Me voy a Méjico.
Y a las miserables ofertas plagadas de reparos, a los oportunistas que miran en mí a un semejante, a los remitentes de las cartas institucionales "lamentamos mucho... esperamos en un futuro", a los nuevos y viejos ricachos que gastan 100 Sus en carne cada fin de semana, a los pobres que piensan en la manera de vender y entretener y tratar de consolarme creyendo ver en mí a un conformista semejante ¡no gracias! ¡no gracias! ¡no gracias!, y ciertamente resentido –pero ya pasará– ¡non, merci! Quien crea hacerme un favor le aseguro completamente que es al revés, y a quienes tan anquilosados me miran con sonrisa de podrida bondad como a un enfermo: observen, que mi resentimiento es el negativo de mi triunfo, y pasará en el momento en que se apaguen las luces.
Que empiece la película.
Estrenar Verse (sin mirar): marzo de 2009
¿Qué es, después de 5 años, estrenar una película? ¿Qué consecuencia, de qué causa? Yo era un escritor tranquilo, introvertido, inmaduro. Una ley del drama reza: en la búsqueda de su felicidad el personaje construye su desgracia. Dialéctica general que antes de los 25 es difícil de comprender.
Entiendo confusamente la suma de errores que me llevaron a remolcar mí barco por sobre la montaña, mientras veía abajo todo tipo de lanchas a velocidad. Pero no podía ser de otra forma, no para un escritor burgués; yo trataba de ver Verse como una obra de arte, no sabía eso de que, si el arte comercial es una prostituta, el arte no comercial sería una solterona. Y he esperado y he perdido mi fe y he recuperado algo más árido. Mi vida en estos años se ha vuelto luchar contra cada detalle, cada mínima tuerca de la película proyectando en ese mismo horizonte su estreno y sin dejar de sentir esa cosa sin nombre (mordedura de serpiente en la nuca que te hace hablar). Es chistoso cómo nuestros sueños se hacen realidad.
Soy un exagerado. Una amiga revisitada me dijo: bueno, es un gran esfuerzo, pero ha valido la pena (y yo me dije ¿ha valido la pena? Digamos que la incomodidad es un derecho de piso, pero ¿para qué diablos alguien se hace esto? "satisfacción personal…" "decirle algo al mundo"… por favor).
Sigo. Aún no conquisto sencillez.
* Alejandro Pereyra Doria Medina es cineasta. Nota tomada de Nueva Crónica.




